Toni Strubell i Trueta


abril 23

 
A principios de abril 2010 me llamó al móvil un amigo salmantino algo despolitizado. Agitado, me preguntó si no sabía –y cito– “lo que está pasando en Cataluña”. Inicialmente preocupado por si se hubiera producido un nuevo colapso de las infraestructuras o un nuevo caso Pretoria, con creciente alivio comprobé que me contaba que a la vuelta del Pirineo había parado a repostar en un pueblo del Pallars, encontrándolo –según me apuntó– “repleto de pancartas incitando a la independencia de Catalunya”. Incluso juraría haber oido un cierto tono acusatorio en su voz (quizás sea mi paranoia), no sé si haciéndome responsable de ello –sinceramente no llego a tanto– o, al menos, de no haberle informado antes de semejante “conmoción” en mi tierra.
 
Pasado el susto, tendría que aclarar que no me sorprende en absoluto la desorientación de mi amigo esquiador. ¿De qué forma se tenía que haber enterado de todo ese desbarajuste en el “noreste peninsular” y su porqué? Lo cierto es que a los catalanes nos aqueja un autismo agudo tanto a la hora de establecer nuestras prioridades colectivas como a la hora de expresarlas razonadamente ante el mundo. Y no me estoy refiriendo al lloriqueo de CiU y ERC a la hora de regatear migajas en Madrid, que -eso si- cuando toca, arrastra titulares. No. Quiero decir que sería poco más que un milagro que alguien conociera desde Castilla-León lo que se cuece en Catalunya. Si hasta hoy los catalanes a penas habíamos salido del armario ¿cómo no íbamos a sorprender asomando ahora?
 
En este aspecto, recuerdo el comentario de un periodista americano del Boston Globe –catalanista confeso– quien me apuntó en 2002 que la causa catalana era de las “peores defendidas”, al ser, según me dijo “de las más invisibles del mundo”. ¡Qué razón asistía al hombre! Ciertamente llama la atención que nos encontremos hoy en medio de una ingente campaña de referéndums o consultas populares, que por olas se van celebrando en los pueblos de toda Catalunya desde el pasado mes de septiembre, y que la cosa no haya sido noticiable más que por algún insulto a Laporta o por la magnífica predicción de Zapatero según el cual la primera consulta de Arenys de Munt (13.9.2009) sería un hecho “aislado”. Magnífico profeta Zapatero. Ahora ya pasamos de 300 poblacions pequeñas y medianas en que se han celebrado contabilizándoze centenares de miles de votos a favor de la independencia y con el magnífico dato de que en ninguna se haya bajado de un 85% a favor del sí. ¿No hay nadie en ningún despacho de Madrid para tomar nota?
 
Claro que también ha podido contribuir generosamente al desconocimiento de este proceso el reglamentario boicoteo de los propios medios catalanes adictos al régimen (La Vanguardia, El Periódico, TV3), abonados como están –últimamente– al culto del falangista Samaranch o a la desconfianza política hacia todo catalanismo que vaya más allá de los calçots y el logo de la Caixa. Por cierto, no puedo evitar de pensar que si todas estas consultas se estuvieran realizando en el Tibet, Mali o en Bolivia, TVE y Euronews seguramente no hablarían de otra cosa. Los catalanes, en cambio, llevamos con suma discreción nuestra silenciosa lucha contra la sordidez que representa la continuada pertenencia a un ex-Estado de las Autonomías donde (como denuncia un Pujol cada vez más comprensivo con los independentistas) ya no queda ni rastro del pacto de la Transición.
 
Y bien, ¿qué es lo que está pasando en Catalunya? ¿Qué es lo que, en definitiva, provocó la llamada de mi amigo charro? Bien, yo no quisiera engañar a nadie ni hacerles creer que Catalunya esté a punto de la secesión ni nada por el estilo. No se ganó Zamora en una hora. Pero lo cierto es que, a la chita callando, se ha ido ensanchando en el país una cierta sensación de que “hasta aquí hemos llegado” (título –por cierto- de un libro mío que acaba de publicar Ttarttalo). Así, en Catalunya  ha ido creciendo desde 2006 lo que a los politólogos les ha dado por llamar “desafección”, sentimiento que se ha extendido entre los “catalans emprenyats” (catalanes enfadados). Algunos dicen que todo esto es flor de un día, que ya volverán las aguas a su cauce. Quizás. Sin embargo,  hay mucha gente que piensa que no y que esto ya no tiene vuelta de hoja. Así personalidades de todos los campos se han compremetido con las Consultas desde el actor Sergi López a los catedráticos Josep Maria Terricabras, Salvador Cardús o Elisenda Paluzie (decana de Económicas en la UB), incluso el propietario de la otrora españolísima Radio Teletaxi, Justo Molinero. Muchos piensan que las Consultas han abierto una vía hacia la libertad de Catalunya que ya nadie podrá descarrilar. Y si bien hay quien pense que todo esto es una utopía, incluso algo negativo (“divisionario” dicen), ¿a quién puede sorprender que tantos catalanes hayan llegado a la conclusión de que con España ya no hay nada que hacer? “He votado que sí a la independencia” decía tras votar un señora de mediana edad en Vilaweb TVporqué ahora sé que en España no nos quieren como somos”. Con ella votó “sí” más del 97% de los votantes de Arenys de Munt, casi la mitad de la población.  ¿No es todo esto algo altamente significativo? ¿Alguien va a tener el pulso de seguir hablando de “cuatro indepes chalados”?
 
Fijémonos que incluso el president Montilla se está teniendo que resituar ante una coyuntura que, ciertamente, está levantando ampollas nada menos que en la prensa internacional. Así Montilla se ha visto obligado a ir periódicamente a Madrid para avisar de esa creciente  “desafección” de parte de sus administrados. Un despistado pudiera preguntarse si esos viajes no pudieran ser para asegurar que su pueblo pudiera exercer algún día el derecho a decidir. Más cerca de la verdad sería que fueron, más bien, para avisar al amo de Madrid del peligro potencial que se cierne en la periferia. Que se trata de lo segundo queda evidente por los repetidas ataques de Montilla a las consultas. “Dividen a la sociedad” dice. Palabras que a los vascos les deben sonar. ¿No es lo mismo que decía el tándem López-Basagoiti ante el Plan Ibarretxe?
 
Efectivamente, quien duda de las intenciones de Montilla no puede saber hasta qué punto participó en la defenestración de Pasqual Maragall, su predecesor. Quizás no sea exactamente una casualidad que fuera el hermano de éste, Ernest Maragall, que sentenciara en La Vanguardia -el pasado mes de febrero- que Catalunya era un “barco sin rumbo” y que Montilla carecía totalmente de “proyecto de país. Ciertamente, inevitables retracciones al margen, revueltas bajan las aguas del PSC. Han sido demasiados los equilibrios que ha tenido que hacer para obtener la presidencia de la Generalitat, paso que incluso requirió su compromiso en el proceso de redacción de un nuevo Estatut en que nunca creyó, llegándose al extremo de presentar enmiendas en su contra el día posterior de haberlo aprobado en el Parlament.
 
Pero, ¿qué es lo que tiene este nuevo Milenio para hacer que muchos catalanes se hayan desplazado hacia el independentismo? Sin que ningún medio oficial lo predijera, ¿qué es lo que llevó a centenares de miles de ciudadanos a manifestarse el 18 de febrero de 2006, llegando a paralizar todo el centro de Barcelona para pedir el derecho a decidir? Bueno, son muchas, muchísimas cosas. Pero si tuviera que destacar una sola, es sobre todo el hecho de que tanta gente se esté dando cuenta que Madrid pretende cerrar para siempre el camino a las libertades catalanas en el futuro. Que todo quede fosilazado. Muchos catalanes, ya superada la bondadosa candidez demostrada en la transición, ahora se sienten directamente amenazados por una involución autonómica indisimulada por parte del Estado, conscientes de que se les quiere negar, quizás para siempre, el derecho a decidir. Y muchos se han preguntado, ¿pero quién demonios son ellos para negarnos nuestra libertad? Nunca les había resultado tan clara esta percepción.
 
Como primera y más evidente prueba de este síndrome había el recurso contra el Estatut ante el Tribunal Constitucional, crecientemente percibido éste por muchos catalanes, con razón, como una de las más decadentes y desacreditadas de las instituciones. Además, la larguísima demora a la hora de hacer pública la sentencia viene tras todo un proceso que rezumaba menosprecio hacia el pueblo catalán por todas las esquinas: la incumplida promesa de Zapatero, el humillante “cepillado” del texto y su múltiple recusación por parte de PP, autonomías, Defensoría del Pueblo, CEE, etc. Todo conducía a una percepción en que -en comparación- las causas internacionales contra serbios, norcoreanos y iraníes más bien parecían felicitaciones de Navidad.
 
En paralelo a este proceso se vivía el rocambolesco episodio del colapso de las infrastructuras producido en 2007. Entonces la RENFE y las eléctricas, entre otras cosas, simplemente dejaron de funcionar. Agravó la circumstancia que por aquel entonces acreditados expertos revelaran que el colapso se debía a décadas de escamoteo estatal de importantes partidas del presupuesto en infrastructuras en Catalunya. Con todo ello la gente empezaba a ver que una cosa era la solidaridad y otra que te traten de imbécil. Esos mismos economistas denunciaron que lo del déficit fiscal no era un “mal cálculo pasajero” ni un “pequeño exceso”, sino una praxis premeditada durante años. Era una circunstancia que estaba acabando con la prosperidad industrial y económica del país. La gente supo que, en términos de productividad per capita, Catalunya había caído del primer al undécimo puesto del ránking autonómico en menos de veinte años, situación agravada por un espolio fiscal de 22.000 millones de euros/año, el 10% del PIB catalán (el 16% del balear). ¿Qué país del mundo sobreviviría un abuso así? se preguntaba la gente. Efectivamente, los catalanes pagaban en solidaridad unos 6 puntos más a las regiones pobres de España de lo que lo hacen los lánders más ricos de la RFA a los más pobres de la antigua RDA. Cuando finalmente el Estado accedió a publicar estos balances, ¿acaso se disculpó alguien por los años de insultos proferidos contra los “insolidarios” catalanes? Sin embargo, hoy son muchos los economistas de primera linea que aseguran que incluso con el nuevo acuerdo de financiación del Tripartito difícilmente podrá rehacer el país su economía en los siguientes veinte años.
 
No sería completo la consideración de la desafección existente en Catalunya sin una rápida mirada a la cuestión de la memoria histórica. Dicen que no es un tema que mueva las masas. Tampoco ayuda a pensar lo contrario cuando vemos que Montilla y Saura calificaron el rechazo de Conde-Pumpido a pedir la anulación de la sentencia al president Lluís Companys como “gran día para Catalunya”. Como no podía ser de otra manera, en Catalunya hay mucha gente inteligente y no mediatizada que mira estas cosas con asombro. Se percibe nítidamente la incapacidad del Estado español para democratizarse como lo hicieron Alemania, Italia, Argentina o Sudáfrica tras el paso de sus respectivas dictaduras.
 
Una diferencia de hoy respecto a hace tres años es que la prensa internacional también empieza a expresar su asombro ante aspectos de este déficit democrático español. Ha quedado más que evidente en el tratamiento necrológico internacional al ex-falangista Samaranch que –ahora sí– ha sido devastador. El ex-miembro del CSPJ, Alfons López Tena –máximo ideólogo de las Consultas– atribuye la vaporización de la buena imagen española, ¿cómo no? al descalabro económico español. El escándalo internacional que supone el juicio a Garzón por lo de las fosas seguramente no se hubiera dado antes aunque sí hay que recordar que, en su día, la Ley de la Memoria sí fuera duramente denunciada por el Comité de DDHH de la ONU por amnistiar los crímenes contra la humanidad y no resarcir debidamente a las víctmas de Franco. Sin embargo, en general, ha sido sólo tras el estallido de la burbuja española que su prestigio internacional como “simpática monarquía” haya sido cuestionado internacionalmente. Quizás por ello no fueron pocos los periodistas internacionales que entendieron a la perfección la masiva bronca al rey en Mestalla en el Barça-Athletic (mayo 2009).
 
Una última curiosidad que sí cabe apuntar respecto a la famosa “desafección” catalana es que quizás donde más visible se haya hecho es en la periferia intelectual socialista y no en el nacionalismo moderado. Es altamente significativo, por ejemplo, que una persona como Josep Ramoneda, periodista fetiche de este sector en El País, haya declarado que votaría sí en una consulta por la independencia mientras que Artur Mas (presidente de CDC) declarara que no pensaba “salir de casa” para dar su apoyo a la consulta del 13S, con todo lo ello supuso de botefón subliminal al soberanismo que dice representar. En esta misma línea es significativo que el ex-consejero maragallista Ferran Mascarell haya dicho que los catalanes “necesitan buscarse urgentemente un estado”. Lo es igualmente que Pasqual Maragall se haya dado de baja del PSC y que haya llegado a abogar por el “cierre de cajas” ante Madrid por la gravedad de nuestra situación económica. ¿Eso no es desbordar a CiU y ERC en catalanismo? Pues lo parece. Ciertamente, muchos socialistas no han tenido más remedio que rendirse ante la evidencia que el Federalista Español, si nunca ha existido, es una especie extinguida. Efectivamente, al que pudiera dudar de que algo se esté moviendo en Catalunya quizás le resulte definitivo saber que UGT y CCOO hayan acabado de dar su apoyo a la Consulta Independentista del 25 de abril (Manresa, Girona, Lleida y centenares de pueblos más). ¿Alguien imagina algo parecido en Euskal Herria?
 
En este artículo no he pretendido más que señalar algunos movimientos intrigantes que se están dando en Catalunya y que seguramente no aparecen en los medios convencionales. No sólo son las pancartas de Tremp y Sort que espantaron a mi amigo esquiador de Madrid. Son muchas más las cosas que se están moviendo y en muchos frentes. Cosas destacables. Cosas objetivamente sorprendientes como que tanto Maragall como Pujol acudieran a una enorme manifestación (1.12.2007) en favor del derecho de Catalunya a decidir su futuro. Lo seguro es que son fenómenos sin precedente en la historia de los últimos treinta años. ¿Qué cómo acabará todo? Auzkalo. Por de pronto cabe señalar que la reacción de Madrid a todo este ajetreo –típicamente chulesca y cargada de menosprecioquizás sea la ideal para que acabe provocando el resultado deseado por muchos. ¿No dijo Gandhi que la independencia de la India se consiguió más por los errores de la Metrópolis que por los méritos del Partido del Congreso? Ciertamente, si Catalunya algún día es libre, me parece que habrá mucho debate sobre si los actuales partidos parlamentarios catalanes tuvieron mucha mano en ello o si se vieron desbordados por una sociedad civil cada vez más activa. Más bien podrían ser unos nuevos actores (Laporta, Reagrupament?) los únicos que tendrán el valor de dar los nuevos pasos que iniciativas como las Consultas Independentistas parecen pedir y augurar hoy.


Comentaris
2 - Judit Oliver
8 de setembre de 2010, 23.42 h


És significatiu que el text estigui redactat en castellà, o si més no a mi m'ho ha semblat. Apunta aspectes molt interessants. Crec que convé fer difusió d'aquest article que és directe, sincer i planer en la forma d'exposar la situació que estem vivent.


1 - Francesc Vall-llobera Canet
3 de maig de 2010, 11.07 h

Excel·lent descripció de la situació actual. No hi ha més paraules.


5 -10 -20 -tots
1


Comenteu l'article
El comentari s'ha enviat correctament i està pendent de validació.